• Imprimir

A ti, Pau, que falleciste como habías vivido: regalando vida

Esta es una historia diferente. El otro punto de vista; la familia del donante. Golpe, rabia, tristeza, negación, valentía, amor, generosidad, consuelo... Palabras que definen unos momentos, unas horas, unos días que nadie nos ha preparado para vivir. Estas líneas son un pequeño homenaje para ti, Pau, que "dejaste este mundo con generosidad y amor hacia los otros". Gracias por vuestro coraje.

Paz

Paz

"Perder a Pau, a mi hijo, fue una experiencia de extrema dureza. Una desgracia insufrible e imposible de superar. El dolor más profundo y salvaje que nunca me deparará la vida. Nadie -ninguna madre, ningún padre, ninguna persona- está preparado para tener que afrontar una situación contra naturaleza y una tragedia personal como ésta, que te marca a fuego el corazón como un hierro candente y te arranca para siempre de las manos aquello que más quieres.

Pau era todo dulzura, curiosidad, amor e ilusión. Y la vida me lo arrancó con sólo ocho años, en el momento más feliz y mágico de su infancia. La rabia, la rebeldía, el luto, la incomprensión... son sólo algunos de los sentimientos que te afloran cuando pierdes a un hijo. Es un golpe, un puñetazo en lo más profundo de tu alma que te deja un agujero interior para el resto de tu vida.

Él lo era todo para nosotros. Movería cielo y tierra para volver a verlo de nuevo, aunque fuera sólo una vez. No quiero ni puedo dejar nunca de recordar a Pau. Aunque ya hayan pasado cinco años, no hay nada que pueda curar el dolor que siento.

Nadie nace enseñado sobre cómo afrontar la muerte de un hijo. Son momentos convulsos en que, a pesar de tener tu familia y amigos al lado, la intensidad de los sentimientos te paraliza y te transporta a una nube de irrealidad e incredulidad en que parece detenerse el tiempo. Pierdes, pues, la capacidad de pensar. Pero por suerte hay otras personas que pueden hacerlo por ti.  

Tengo grabado a fuego el momento en que el equipo médico del Hospital de Sant Pau me sugirió la posibilidad de donar los órganos de mi hijo. Fue un momento frío, inhóspito, extraño. No por falta de tacto de los médicos, a quienes no puedo hacer más que agradececer su profesionalidad, sino por la dimensión del dilema que se me plantó en frente. Nunca me había planteado tener que afrontar una decisión así. Y en aquel momento me cogió completamente desprevenida y emocionalmente desarmada. Seguía flotando en mi nube de no aceptación de la realidad. Es por eso que, en un primer momento, no quise saber nada. Acceder a la donación de los órganos de Pau suponía descender de golpe de aquel estado de suspensión en el que me encontraba y afrontar la cruda realidad.

Todo el mundo, sin embargo, necesita alguna cosa a la cual aferrarse cuando pierde aquello que más quiere. Un consuelo, por pequeño que pueda parecer, para poder soportar un dolor que arrastrarás toda la vida y con el cual tienes que aprender a convivir para seguir andando hacia adelante. Así pues, a pesar de mi negación inicial, al cabo de poco de recibir la propuesta empecé a intuir una pequeña luz, un leve indicio del enorme potencial de consuelo que podría tener para mí, en el futuro, saber que la muerte de Pau no había sido en vano.

Decidir donar los órganos de Pau no hará devolver a mi hijo a mi lado. No mitigará ni me curará nunca un luto que siempre llevaré conmigo. Pero saber que su muerte sirvió para que otras personas puedan seguir viviendo es el empuje que me anima a seguir luchando cada día. No sé de dónde saqué las fuerzas aquel día para tomar una decisión tan difícil; desconozco de dónde surgió aquella pequeña luz que me hizo ver, en medio de un mar de oscuridad, la importancia de una acción que regalaría la vida a otras personas. Pero no hay día que no dé las gracias por haber decidido donar los órganos de Pau. Yo sé qué es vivir en carne propia una tragedia como ésta. Y sólo el hecho de pensar que, con aquella decisión, hicimos posible que algunas familias se hayan podido ahorrar este profundo padecimiento es un consuelo muy grande, un sentimiento de satisfacción capaz de ayudarme a salir adelante.

Me gusta pensar que, de alguna manera, Pau murió como había vivido: regalando vida. Y que allí donde esté se siente agradecido por haberlo ayudado a dejar este mundo con generosidad y amor hacia los demás."

Tu madre.

Empecé a intuir una pequeña luz, un leve indicio del enorme potencial de consuelo que podría tener para mí, en el futuro, saber que la muerte de Pau no había sido en vano.

Destacamos

La donación

Ser donante quiere decir ser una persona generosa. La donación es uno de los actos más altruistas que se pueden hacer por otras personas.

¡Hazte donante! La OCATT

La Organización Catalana de Trasplantes

Fecha de actualización:  25.10.2017