Fuente: Organización Nacional de Trasplante de Venezuela (ONTV)

Esta es una circunstancia imposible. Los médicos y médicas que se encargan del tratamiento en la unidad de cuidados intensivos son siempre diferentes de los encargados de la donación y los trasplantes. El equipo de coordinación hospitalaria de trasplante recibe la notificación de un posible trasplante después de que se ha diagnosticado la muerte encefálica del donante potencial. El equipo interviene para obtener el consentimiento para la donación de los órganos y tejidos con finalidades de trasplante. Esto solamente se realiza después de que se han hecho todos los esfuerzos para salvar la vida de la persona y la muerte está declarada legalmente.

Una de las razones más frecuentes para negarse a la donación está relacionada con la falsa creencia de que existe la posibilidad de extraer los órganos antes de la confirmación del diagnóstico de muerte encefálica. La información escasa y la confusión sobre el concepto de muerte encefálica refuerzan esta falsa creencia.

La muerte encefálica es una definición clínica y legal de muerte. Determinados aparatos pueden mantener artificialmente las funciones corporales (pulso cardíaco, respiración) por unas horas, pero no de manera permanente. Hace falta que un médico, mediante un estricto examen neurológico, confirme la muerte encefálica. Por lo tanto, una vez realizado el diagnóstico nadie puede “despertarse” o recuperarse. Por otro lado, el diagnóstico de muerte encefálica lo llevan a cabo tres médicos o médicas diferentes a los del equipo de coordinación hospitalaria de trasplante, de acuerdo con lo que establece la Ley.

El cuerpo de la persona fallecida no se desfigura por la extracción de órganos para el trasplante. La operación se realiza en el mismo tipo de condiciones estrictamente asépticas que se utilizan en cualquiera otro tipo de procedimiento médico. Es una cirugía como cualquier otra y no genera ningún cambio en el aspecto exterior. Al donante se le trata con mucho cuidado, con la máxima consideración y el más profundo respeto, evitando desfigurar el cuerpo.

La donación no interfiere en nada con los preparativos del sepelio. Es posible realizar un funeral con el ataúd destapado.

La mayoría de las religiones están de acuerdo en que la donación es el gesto humanitario máximo y han apoyado públicamente a las donaciones.

La Iglesia católica ha expresado de forma clara y contundente que la donación de órganos es un acto supremo de caridad, generosidad y amor que una persona puede hacer por otra en esta vida. La Iglesia católica anima a todos los católicos que se expresen en vida a favor de la donación.

Anglicanos y protestantes no plantean ningún problema en relación a la donación y el trasplante. En general, abogan porque cada cual elija en conciencia la decisión de ser donante.

La religión judía es favorable a la donación de órganos. Incluso se puede leer en el Talmud "Quién salva una vida salva el mundo" y las jerarquías religiosas interpretan que la donación de órganos para trasplante es la mejor actitud para ayudar a otro a salvar la vida.

Entre los evangélicos no hay ningún prejuicio religioso frente a la donación.

La religión musulmana tampoco pone ningún obstáculo a la donación y así ha quedado expresado en varios documentos que sus autoridades religiosas han difundido.

Los testigos de Jehová que manifiestan con rotundidad su oposición a las transfusiones de sangre no tienen, por el contrario, ninguna oposición a la donación de órganos ni tampoco hacia el trasplante, siempre que se asegure que no recibirán durante la operación ninguna transfusión.

Sólo religiones más minoritarias en nuestro entorno occidental como el budismo y el sintoismo, no favorecen la donación de órganos porque en sus creencias, el proceso de muerte pasa de forma gradual a lo largo de tres días después de la muerte clínica. Durante este tiempo el cuerpo del difunto budista no tiene que ser manipulado por posibles interferencias con futuras reencarnaciones.

No se ha comprobado hasta la fecha ningún caso real de robo de órganos, ni existe ninguna denuncia comprobada sobre este tema.

La altísima complejidad de un trasplante requiere de una infraestructura adecuada e implica a tantos y tantas profesionales que su realización clandestina es imposible en la práctica.

La situación en la lista de espera para trasplantes no tiene nada que ver con el dinero ni con la fama que pueda tener una persona. La lista es revisada por la OCATT, que a su vez conoce las donaciones que se han realizado y a quién y por qué se le asignaron los órganos y los tejidos. El orden de la lista de espera se respeta siempre, la distribución de órganos se realiza de acuerdo con el grupo sanguíneo, la antigüedad en la lista y la compatibilidad entre donante y receptor. En algunos casos, además tiene que ver la gravedad de la enfermedad, la edad, el peso y la talla. Estos criterios son revisados y actualizados periódicamente.

Dado que el número de pacientes que esperan un trasplante supera el número de órganos disponibles, hay que hacer siempre una selección de receptores entre toda la lista de espera. La finalidad principal es conseguir que el beneficio del trasplante sea máximo gracias a una mayor supervivencia y un óptimo beneficio para la persona receptora. El sistema de distribución es equitativo y no discrimina por razas o religiones, ni hay tratamientos preferenciales para personas ricas o famosas.

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Fecha de actualización:  08.02.2011

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